viernes, 17 de mayo de 2013


EE. UU. propone una reforma de la política de drogas para el siglo XXI

Política antidrogas

En este país perciben el fenómeno como un tema de salud pública y no solo de orden público.

El presidente Juan Manuel Santos, en reunión con el presidente Barack Obama y la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, durante la pasada Cumbre de las Américas, en Cartagena, hizo una importante declaración sobre el futuro de las políticas de drogas en nuestro hemisferio: “Tenemos la obligación de ver si estamos haciendo lo mejor que podemos, o si existen otras alternativas que puedan ser mucho más eficaces. Una solución podría ser: ‘todos los consumidores irán a la cárcel’. En el otro extremo está la legalización. En un punto medio podemos encontrar políticas más prácticas”.
No podríamos estar más de acuerdo con el presidente Santos. Hoy sabemos mucho más sobre la complejidad de nuestro problema común de las drogas que hace una década. Las distinciones entre países “productores” y “consumidores” están desapareciendo: el consumo de cocaína ha disminuido considerablemente en Estados Unidos, mientras que la demanda de esta droga se está incrementando en muchas naciones de América Latina.
Los innovadores avances en el campo de la neurociencia han contribuido significativamente a un mejor conocimiento de la drogadicción.
Hoy se sabe que esta enfermedad –que es culpable de mucha de la violencia, inestabilidad y crímenes en nuestro hemisferio– es un mal crónico del cerebro, que se puede prevenir y tratar con resultados positivos.
Si bien el éxito indiscutible del Plan Colombia demuestra que la aplicación efectiva de la ley y los esfuerzos en materia de interdicción juegan un papel crucial en la lucha contra el crimen organizado y en la protección de la seguridad pública, también sabemos que no podemos solucionar el problema de la droga a punta de arrestos.
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